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Los invernaderos verticales: ¿llega la hora de los agroedificios?

Los invernaderos verticales: ¿llega la hora de los agroedificios?

Se instalarán en edificaciones para cultivar verduras a escala industrial.

Los huertos urbanos, en los que se cultivan hortalizas, frutas y hierbas aromáticas en mesas de cultivo o en macetas, situados en solares entre edificios, patios comunales y azoteas y en los que a menudo se emplean técnicas de agricultura ecológica ofrecen beneficios para el medioambiente, la salud y la vida social, pero solo pueden producir alimentos a una escala limitada.

Se estima que para el año 2050 habrá 3.000 millones de personas adicionales en el planeta, por lo que será necesario producir un 70 por ciento más de alimentos, según estudios de la ONU y la FAO. Además, un 70 por ciento de esa población vivirá en ciudades o áreas urbanas.

Si se aspira a alimentar a las crecientes poblaciones de las ciudades, los expertos alimentarios sostienen que la denominada agricultura urbana debería dar un paso más allá e instalar granjas urbanas en edificios para obtener una producción agrícola a escala industrial.

“Tener una pequeña huerta es muy bueno, pero si se quiere producir un porcentaje considerable de los alimentos que se consumen en las ciudades, hay que pensar de forma muy diferente”, dice Hans Hassle, fundador y secretario general de Plantagon, firma que ha desarrollado un innovador sistema de cultivo en interiores bajo el concepto de agricultura vertical.

Se trata de edificios de oficinas o apartamentos, con instalaciones distribuidas en varios pisos, que funcionan como invernaderos verticales.

Dentro, los cultivos son gestionados mediante sistemas robotizados y cintas transportadoras, para atender y movilizar las plantas, a medida que van completando su ciclo biológico hasta que son recolectadas.

La ‘línea vertical de producción de alimentos’ (VFPL, por su sigla en inglés) y sus tecnologías complementarias podrían utilizarse para proyectar y construir edificios nuevos, como oficinas, viviendas, hoteles y centros comerciales, y podría incorporarse a algunas construcciones ya existentes, en sus áreas vacías o como extensiones de dichos edificios, según Plantagon.

Con esta idea, la compañía ha iniciado la construcción del primer edificio proyectado con el VFPL, que se llamará The World Food Building (TWFD), en la ciudad de Linköping (al sur de Suecia), de 16 pisos.

Dos tercios de la torre TWFD de 60 metros de altura y cuya finalización está prevista para 2020 estarán ocupados por oficinas, mientras que el otro tercio se utilizará como un invernadero de múltiples niveles, donde se cultivarán plantas mediante hidroponía, un método con el que los vegetales crecen sin tierra con su raíces sumergidas en agua rica en nutrientes.

“Hablar de hidroponía es correcto en términos generales, pero en nuestro sistema estamos cultivando las plantas en un sustrato de turba para facilitar que el oxígeno llegue a sus raíces”, aclara Carin Balfe Arbman, portavoz de la compañía.

El primer gran invernadero vertical
El World Food Building (TWFD), en Linköping, Suecia, cuya construcción demorará unos 15 meses, será el primer invernadero a gran escala para la agricultura vertical urbana en el mundo. En él se espera cultivar unas 450 toneladas de comida por año, entre plantas de hojas verdes y verduras, según Joakim Rytterborn, jefe de investigación y desarrollo de Plantagon.

Los cultivos se realizarán en unas macetas especiales, capaces de expandirse a medida que las plantas van creciendo y necesitando más espacio para desarrollarse.

La línea de producción automatizada incluirá sistemas de cintas transportadoras y elevadores, horizontales y en pendiente, que irán moviendo lentamente las cajas a través de los pisos de la torre y desde la parte inferior a la parte superior del edificio, a medida que van creciendo y hasta ser cosechadas al cabo de 30 días, aproximadamente.

Algunas salas de reuniones de esta torre tendrán vista a los invernaderos, y en otras áreas del edificio habrá restaurantes donde los empleados y el público podrán consumir productos de la propia granja urbana y un mercado donde las personas, los minoristas de alimentos y establecimientos de comida locales podrán adquirir las verduras cultivadas.

El edificio de Linköping está proyectado para que el CO2 que emiten sus ocupantes al respirar sea administrado a las plantas y el oxígeno que producen los vegetales llegue a los seres humanos que trabajan en las oficinas, explica Hans Hassle, fundador y secretario general de Plantagon.

El sistema también será simbiótico en materia de residuos y energía, ya que estará conectado a una planta de incineración de basura orgánica y a otra planta productora de biogás, las cuales proveerán a los invernaderos de calefacción, nutrientes y combustible, mientras que los residuos de los invernaderos podrán ser reutilizados para la producción del biogás.

Plantagon también está construyendo diez granjas subterráneas llamadas City Farm con una versión reducida de este sistema en Estocolmo.

Cultivos orgánicos y ahorro de agua
La empresa explica que el TWFD tendrá una forma semicónica y, a simple vista, parecerá estar compuesto por dos torres diferentes adosadas la una a la otra y conectadas por dentro. Una de ellas tendrá la fachada de vidrio inclinada y cubrirá los pisos donde funcionarán los invernaderos verticales, con una superficie total de cultivo de 4.335 metros cuadrados.

La cara transparente del edificio permitirá que llegue la mayor cantidad de luz solar a las plantas, durante todo el año, aunque para que los cultivos crezcan y se desarrollen también se utilizará iluminación proveniente de lámparas led, calibradas para emitir frecuencias luminosas que maximicen la producción.

La fachada que cubre la granja interior estará formada por dos paredes de vidrio paralelas y separadas entre sí, entre las cuales circularán el aire y el calor, cuyos flujos podrán ser controlados para lograr una climatización más eficiente y que consuma menos energía.

La mayoría de los procesos de cultivo los efectuarán sistemas robotizados, y esta torre producirá alimentos de una forma más sostenible que una granja tradicional: sin pesticidas, usando menos agua, ahorrando al año la emisión de 1.100 toneladas de dióxido de carbono y el consumo de 50 millones de litros de agua.

EFE REPORTAJES

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